Escribà esboza la pastelería del futuro

Por Claudia Bellido

No descubrimos nada al afirmar que Christian Escribà es un pionero en lo suyo. Sigue su propio camino, esas directrices claras en su mente que se transforman en peligrosos cortocircuitos desde pensamientos más conservadores. Es un riesgo que asume, que incluso le divierte por degustar la aventura. Así se embarca en cada nuevo proyecto, con mucha emoción, gran dosis de pasión y ese característico punto de locura (para mí, genial). Suele pasar con la persona avanzada a su tiempo, que a menudo se siente descolocada y, casi siempre, incomprendida. Pero bueno, de casta le viene al galgo… y ese omnipresente perfil de Antonio Escribà evita cualquier tipo de sorpresa, en propios y extraños.

Para algunos retrógrados, a Christian le gusta pasear por el lado salvaje…

Para algunos retrógrados, a Christian le gusta pasear por el lado salvaje, eso sí, manteniendo la inquietante actitud de un niño –grande-. Dos líneas, en apariencia divergentes, que se compensan: atrae, contagia y, a la par, resulta absolutamente tierno. Se ha consolidado hace años como el gran showman de la pastelería, así nos gusta llamarle desde las páginas de La Confitería Española. ¿Quién mejor que él para ponerle la guinda a la Revista? Así lanzó un nuevo concepto creativo en el oficio, que le ha supuesto una potente línea de negocio. Tal vez fuera el propio cliente quien le llevó de la mano, a diversificarse. El caso es que el pastelero catalán desoyó voces reaccionarias y se dejó guiar por la intuición, como buen visionario, hasta ocupar su sitio. Porque uno diría que el hueco le pertenecía, esa silla vacía llevaba su nombre; era cuestión de tiempo. De los pasteles de aniversario y celebración pasó a proyectos personalizados de grandes dimensiones que requerían una impresionante puesta en escena, una producción a medida y un equipo de especialistas.

De este modo se produjo la transición y la evolución. Hoy, su pastelería es mucho más que una tienda; es un punto de encuentro con este gran profesional, del todo accesible, y su propuesta interminable: chocolate, pastelería tradicional y moderna, panadería, bollería, pastelería de regalo (huevos Fabergé, anillos de caramelo, las macetas con brochetas, etc.), azúcar, pasteles de celebración… Para empezar, una entrada diáfana olvida la puerta y centra la atención en una vitrina a pie de calle, repleta de exquisitas propuestas. Una cuidada exposición que atrae a primera vista hasta llegar a la zona de degustación y, a continuación, quedar embobado ante el obrador de chocolate. Hace unos meses, Christian  decidió abrir esta parte al público, para compartir con sus clientes uno de los trabajos más atractivos de la pastelería. Será precisamente en este espacio donde tiene pensado situar los cursos de formación, para aficionados y para profesionales. Algunos de ellos serán impartidos por Patricia Schmidt, que comparte vida y oficio con Escribà. Brasileña, de Sao Paulo, es licenciada en Publicidad, aunque poco después se dejó seducir por la pastelería. Estudió en las mejores escuelas de Estados Unidos e Inglaterra y, poco a poco, se convirtió en su profesión. Ha impartido numerosos cursos en su país, en Estados Unidos y en Europa, y ha publicado dos libros. De esta forma, un nuevo valor se suma a la factoría Escribà.

Antes de despedirnos nos comenta que le da vueltas a ideas, apenas un esbozo en su cabeza… Unos dirían: ¡qué miedo!, otros sonríen y tratan de tirar del hilo. Muy pronto el showroom bajará a la tienda, de forma gradual, para que nadie se pierda qué ocurre entre bambalinas. Compartir, compartir y compartir parece ser el único mensaje. Y más: se está cociendo una colección de alta costura, pero de eso hablamos otro día.

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