Cuenta que le «asusta» mirar atrás. Que recuerda aquellos primeros esbozos de lo que quería que fuera Turris y no da crédito. Xavier Barriga celebra hoy el quinto aniversario de la apertura de la primera tienda de su marca, con la que ha logrado «poco a poco» devolver al pan su prestigio cotidiano. Nunca imaginó que algo tan aparentemente sencillo como elaborar buen pan pudiera alcanzar tanta trascendencia. Cuestión de formas y maneras. Barriga fue de los primeros en restituir todos esos agravios que en los últimos tiempos ha venido soportado tan noble alimento. «Apenas fuimos tres marcas las que nos propusimos casi al mismo tiempo cambiar el gusto de los consumidores de Barcelona y propiciamos que se dejara de decir que en la ciudad no se podía encontrar un pan tan bueno como el de pueblo», explica.


Con tesón y las mejores materias primas naturales, Barriga ha conseguido elaborar progresivamente piezas que se han erigido en productos estrella de la casa, para los que la gente hace cola sin importar el tiempo de espera. Junto a esos éxitos perdurables también se han mantenido otras variedades y se ha desechado alguna idea por el camino. «No soy muy propenso a hacer inventos y las fórmulas de puro  divertimento suelen ser temporales. Lo único que me preocupa es que el pan esté bueno, en condiciones, que tenga gusto y sus propiedades se mantengan durante horas«, advierte. Ese realismo concienzudo también se aplica a sus proyectos de futuro: «Por lo pronto, hay que saber mantenerse. Si podemos crecer, bien, pero siempre siguiendo la misma línea. Tampoco queremos ser los más ricos del cementerio».

Barriga no se marca grandes retos a corto plazo tras afianzar sus cinco tiendas propias y descarta, por ahora, entrar de lleno en los restaurantes -ya sirve sus productos a una docena y ahí se planta-. Su apuesta primera sigue siendo estar a pie de calle, donde mejor puede llegar a la gente e impulsar así la cultura del pan. Las generaciones más jóvenes ya conocen su valía y acuden tanto a sus talleres como a sus libros. Barriga cree firmemente que en la panadería «hay futuro», si bien apostilla que en temas de formación «hay que hacer más y disertar menos».

Los cinco años de Turris también han servido para que muchos se interesen en el pan ya no sólo como alimento sino como negocio. «Creo que el balance es muy positivo y enriquecedor, pero no sólo para mí y para mi marca sino para el sector». Palabra de maestro (panadero).

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