Colines, grisines, palitroques, señoritas, picos… los bastoncitos de pan son conocidos en los países de habla hispana con diferentes nombres, pero todos hacen referencia a aquel tipo de pan alargado y crujiente de origen italiano célebre en las mesas de todo el mundo.

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La tradición de los bastoncitos de pan, llamados grissini en italiano, empieza alrededor de 1670 en la Turín de los Saboyas, cuando Italia todavía no se había unificado. Se cuenta que el enfermizo duque de Saboya Víctor Amadeo II padecía frecuentes gastroenteritis desde su nacimiento y por ese motivo nunca tenía apetito y, sobre todo, no conseguía digerir la miga del pan, esponjosa y muy poco cocida con respecto a la corteza. Fue consultado entonces el médico Teobaldo Pecchio, que se esforzó para encontrar una solución a la inapetencia del duque, concluyendo que Víctor necesitaba comer alimentos ligeros y que pudieran ser digeridos con facilidad. Por este motivo, el doctor le pidió al panadero Antonio Brunero que realizara un pan con menos miga para el delicado estómago del futuro rey de Sicilia y Cerdeña. El panadero decidió tomar como base el pan típico de la época, la ghersa, alargándolo y convirtiéndolo en un palillo o bastón, de manera que quedara con muy poca miga. El resultado fue un nuevo tipo de pan crujiente y friable, lo que desde entonces se conoce como grissino (su nombre viene del diminutivo de ghersa, ghersin). Los grissinos tuvieron un éxito tan grande que Napoleón, después de descublirlos en Piamonte durante la campaña de Italia, ordenó que le enviaran “les petites batons de Turin” frescos a Francia cada día.

Hoy en día, la tradición de los bastoncitos de pan hechos a mano continua en las pequeñas panaderías artesanales que se encuentran por las calles de Turín y que siguen produciendo lo que se ha convertido con los años en un verdadero símbolo de la ciudad. Cada día en Turín los panaderos hornean bastoncitos de amasijos y sabores diferentes, pero todos con aquella forma y consistencia características que todo el mundo conoce y aprecia. Sin embargo, muchos de los palillos o bastoncitos que se comercializan en el mundo vienen de una producción industrial, que se realiza con maquinarias específicas, utilizando por ejemplo una grisinera automática, que corta la masa extendida en rayas largas y finas, listas para el horno.

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Los grissini, que nacieron como un sencillo remedio para un pequeño príncipe de estómago débil, se encuentran ahora en las casas y en los restaurantes no solo italianos, sino de todo el mundo. Estes palillos friables son una joya de la tradición panadera italiana, pequeñas rayas de pan que saben a Italia.

 

 

 

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