No hace mucho tiempo (21/09/2018) hablábamos sobre los clientes de la panadería y que, según el autor del comentario, el cliente no siempre lleva la razón. Ahora vamos a comentar la importancia del trato al cliente.

La entrada. Siempre, con una sonrisa, recibir al cliente con unos ‘buenos días’ y una frase amable, pero no alargarse con conversaciones banales si hay otros clientes esperando su turno.

Turno. Procurar, en lo posible, que los clientes guarden su turno. En momentos de aglomeración es muy práctico colocar un dispensador de turno con su correspondiente pantalla.

Conocimiento del producto. Es muy importante que el vendedor conozca las características de cada uno los panes, su composición, conservación, características dietéticas y maridajes.

Servicio. Utilizar pinzas o guantes para el servicio y su introducción en la bolsa, mejor de papel o tela.

La limpieza y orden en toda la panadería, obrador y tienda, es también una parte importante de la impresión que el cliente se llevará de su visita a nuestro comercio.

Despedida. Al igual que a su llegada, despedir amablemente al cliente.

En cualquier caso, a estos consejos de buen servicio, cabe no olvidar que el mejor reclamo de una panadería es la excelente calidad de sus productos.

Para finalizar, me van a permitir reproducir un artículo del escritor y periodista Màxim Huerta, obviando sus opiniones en otros temas -quizás no tan acertados-, con el que me identifico plenamente:

Fíate de la gente que cierra las puertas

Yo tengo, a los que cierran las puertas, en un altar. Pero vamos, en un puritito santuario en el que pongo velas y aplausos. Fíate de la gente que cierra las puertas. Os lo digo. Fíate. De esos que cuando entran a la panadería la dejan entornadita, de los que hacen el esfuerzo por cerrarla cuando entran o de los que la empujan al salir. Esa gente vale millones. Esa es la gente que vota bien. Esa es la gente que pone el intermitente. Esa es la gente que dice ‘buenos días’. Esa es la gente que no te echa el humo a la cara. Esa es la gente que se quita las gafas de sol para hablar. Esa es la gente que no tira el chicle al suelo, ni las pipas, ni las colillas… ¡ni escupe! Esa es la gente que no monta grupos de whatsapp eternos. Esa es la gente que cede el asiento. Esa es la gente que no grita. Esa es la gente que dice ‘por favor’ y ‘gracias’. Esa es la gente que no aparca en los sitios reservados para sillas de ruedas ni se cuela en la fila con artimañas de tunante. Esa es la gente que no sacude las migas del mantel por el patio de luces sin mirar si hay ropa tendida en el segundo. La gente que no hace ruido en el cine. La gente que pide la vez. La gente amable, ¿tan difícil es? Creo que soy bastante claro (…) Oye, que la simpatía no está reñida con la educación, ni el respeto con la modernidad, ni la cortesía con la actualidad. Que se puede ser novísimo y educado, solidario y amable. Un poquito de civilidad, urbanidad y, ¡yo que sé!, empatía.  Me huele a que esto tiene mucho que ver con (…) la enseñanza. Poquito interés en aprender y menos en disimular. 

Fuente de la imagen de cabecera: Toledo trabaja. Fuente de la imagen: Tucursode.com.

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