Ese nuevo año 2019 ha empezado con un invierno que nos ha traído varias importantes borrascas…

Borrascas de ésas a las que ahora hasta se les da nombre femenino y masculino alternativamente; es decir, que son importantes por sus bajas temperaturas, lluvias o nevadas, vientos fuertes o marejadas en las costas. Total, que suelen provocar inundaciones y algunas otras desgracias materiales y, lo que es peor, pérdida de vidas humanas. Los medios de comunicación social se llenan de noticias y reportajes, día tras día,. Muestran las calles de nuestras ciudades con varios palmos de nieve, carreteras cortadas, vías férreas con retrasos y averías; o la imprudencia de la gente jugando con la fuerza del oleaje en algún paseo del norte de España. Nos cuentan historias sobre personas aisladas durante días en los más recónditos pueblos, de parturientas con problemas para desplazarse a dar a luz o casos similares, pero… ¿Quién habla del trabajo del panadero que, a pesar de las inclemencias meteorológicas, reparte el pan recién hecho día a día por tantos pequeños pueblos, aldeas, pedanías, caseríos de nuestra geografía?

La verdad es que, viendo las noticias en los distintos canales de televisión, hemos echado en falta que se acordasen de ellos. De los panaderos que, incluso caminando quilómetros a pie con su cesta, no han querido dejar a sus clientes y amigos sin su pan de cada día. Sí que es verdad que en algunos medios locales o provinciales se han hecho eco de su esfuerzo; tal como es el caso del panadero de Oseja (León) que cruza a pie un torrente porque la carretera está cortada por una avalancha.

O el caso de Talí Riaño, panadero de Valdeón, uno de los que tiene un recorrido más complicado en tiempos de nevadas. No sólo recorre el valle de Valdeón, también acude al de Sajambre y baja hasta Cangas de Onís, en Asturias. Talí Riaño es contundente: «Hay que ir a donde haga falta, no se puede dejar a la gente sin pan…». Y sin noticias y muchas veces sin los medicamentos, que los panaderos son mucho más que los que reparten el pan.

Solidaridad

Tampoco hay que olvidarse de otros muchos panaderos que, a lo largo de los años, han demostrado su solidaridad y ayuda en distintas catástrofes o situaciones de emergencia. Hace muy poco hemos tenido el desgraciado caso del pequeño Julen en Totalán (Málaga). Los dos panaderos del pueblo han tenido que hacer frente a la llegada de 300 personas. Equipos de rescate, más medios de comunicación, voluntarios o visitantes. Todo un sobreesfuerzo de producción y atención que no ha sido reconocido, ni comentado.

Por último, mencionar a los panaderos de tantas y tantas ciudades y pueblos de España, que colaboran activamente con comedores sociales, parroquias y asociaciones de vecinos, entregando sus sobrantes, elaborando panes o participando en patrocinios.

A todos ellos, tanto como a los pocos que aparecen en medios de comunicación como a quienes permanecen en el anonimato; nuestro reconocimiento y pequeño homenaje a su modestia, solidaridad y generosidad.

Imagen: Panadero de Oseja. Fuente: El Fielato de León.

Imagen de cabecera: Talí Riaño. Fuente: La Nueva Crónica de León.

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