Por Marta Hortelano. Begoña Rodrigo no para. Por si su trabajo diario al frente de La Salita, su cada vez más demandada presencia en congresos y eventos gastronómicos y el proyecto de apertura de su nuevo local en la playa no fueran suficientes, la todoterreno valenciana no ha dudado en enrolarse en un nuevo reto. Confiesa que le hace especial ilusión porque lo compartirá con su hermana, Ruth, que en esto de la docencia le lleva años de ventaja. Las hermanas Rodrigo se convertirán desde el próximo mes y hasta final de curso en las profesoras de alimentación de los centros educativos del proyecto Scolarest en Valencia, Alicante y Murcia. A lo Jamie Oliver, se meterá en las cocinas de los pequeños aprendices para tratar de inculcarles algo que asegura, no tiene precio: una cultura gastronómica. Y qué mejor espacio para hablar de su nueva andadura que un mercado, donde quedamos con Begoña Rodrigo, y el lugar que quiere convertir en escenario final de los cuentos que llevará a las aulas.

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¿Cómo surgió la oportunidad?
Me lo propusieron los organizadores, pero en un principio con otro objetivo. Yo les conté la historia de Jamie Oliver, que ha batallado en Reino Unido contra la obesidad infantil. En un inicio la idea era que yo tenía que educar a los padres, pero yo entendía que ellos ya tenían que venir educados de casa. Al final hemos llegado a la misma conclusión. Estamos en el primer año de prueba en colegios de Valencia, Alicante y Murcia.

¿Se come bien en los colegios?
Me han sorprendido bastante en controles de calidad, pero las técnicas y la forma de trabajar son obsoletas. Yo voy a formar a cocineros para enseñarles nuevas herramientas y modos de cocinar, como las cocciones a baja temperatura. Mi formación irá dirigida a cocineros y a los profesores, para que después puedan seguir desarrollando lo que han aprendido en el día a día. Además, es un trabajo que voy a hacer con mi hermana y me encanta la idea..

¿Y cómo ves los menús diarios de los colegios?
Se come variado. Algunas cosas no me gustan. Tiran mucho de comida rápida como las pizzas, pero después de hablar con directores me he dado cuenta de que no es una cuestión de los colegios, sino que a veces los padres sólo quieren que sus hijos lleguen comidos a casa. Quieren escuchar a sus hijos decirles “He comido que todo”, aunque sea un pizza. Me encontré con un caso de un padre que no quería que a su hijo le obligaran a comer fruta porque decía que él no había comido nunca y no se había muerto.

¿Trabajarás directamente con los niños también?
Sí, sí. Habrá dos tipos de clases. Grupos de hasta 20 niños y hasta 50. Haremos un cuento y ellos serán distintos elementos representados con cartulinas: Unos son lacteos, otros son proteínas… Al final entienden la importancia de comer. Tienen que sentirse importantes y que haber aprendido cosas sea un triunfo. A los niños les gusta ganar. Tenemos que intentar que un niño con educación gastronómica sepa que tiene un tesoro.

¿Pondrías una asignatura de alimentación en los colegios?
Totalmente. Dos días a la semana. Práctica y teóría. Que vieran. En mi casa siempre se ha comido bien, pero tengo personas cercanas que creía que los guisantes salían de un bote. Hoy en día hay niños que creen que los pollos ya vienen asados.

¿Has ensayado antes con tu hijo?
Sí. Mi hijo come de todo con dos años. Es el rey de las gambas y los caracoles.

¿Es porque le has metido el vicio de comer o porque lo ha visto en casa?
MI hijo ha sido siempre de poner la mano y cuando sale de la guardería ve que estamos cocinado y pregunta qué es todo. Sí es verdad que yo he echado una cultura gastronómica cuando empecé a cocinar, porque en mi casa me enseñaron a poner una mesa bonita, con productos caros que entonces eran buenos, pero no se me enseñó. Cuando me fui fuera viví con vascos y entendí que ellos tenían algo que yo no tenía y que no tiene precio. Esa cultura.

Se echan en falta niños en los mercados. ¿Cree que ayudaría que vieran cómo se hace la compra?
Por supuesto. Una de las partes de nuestras clases será que los peque le acaben diciendo a sus padres que los lleven al mercado. Ese es el final de nuestro cuento. Que pongan en práctica lo que les enseñemos. La cocina es cooperativa. Hace que se junten padres, abuelos, hermanos, y eso es la finalidad.

¿Crees que hay alimentos sólo para mayores?
Hay alimentos más complicados, pero eso está de cero a dos años. Un gusto te gusta porque lo asocias a algo que ya has tomado antes. Por eso la cocina de memoria tiene tanto éxito. Algo que emociona porque lo asocias al pasado. Los niños que comen pasas, nueces, o alimentos más complejos, de mayores lo siguen comiendo. Es cierto que pasan una época de transición que es cuando se juntan con los demás niños y si a todos les gustan las hamburguesas, eres guay si las comes…Las endivias, espárragos… todo lo que tiene fondo amargo es más complicado para un niños. Si de pequeña te lo caramelizaran, te lo cocinaran distinto…llega a gustarte.

En la tele hay cada vez más programas de cocina con niños en los que acaban manipulando productos como ostras. ¿No le parece demasiado complejo?
Deben de comer de todo. Yo no he comido foie hasta los 26. Lo de las ostras no lo veo pero porque no es tan casual en una casa, es algo festivo….Pero mi hijo come almejas, tellinas…

¿No comías algo de pequeña?
Yo no comía de nada. Era María Petit Suisse hasta bien mayor.

¿Te han dejado alguna vez el plato de comida en la mesa para el día siguiente porque no te lo comías?
Me han dejado las lentejas cuatro días, pero yo pasaba.

¿Y hoy en día hay algo que todavía no comas?
No hay nada que no coma ahora mismo.

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