El chef Cédric Grolet recibió en New York el Premio Valrhona al Mejor Chef de Pastelería del Mundo 2017 de la prestigiosa asociación Les Grandes Tables du Monde.

Cada año, Les Grandes Tables du Monde distingue a los nuevos miembros restauradores, pero ésta es la primera vez que ha decidido otorgar un premio a un chef pastelero de restaurante. El jurado estuvo compuesto por Jean-François Piège, Pierre Hermé, Denis Courtiade (gerente del restaurante Alain Ducasse en la Plaza Athénée) y Catherine Roig. El resultado unánime ha recompensado al pastelero más talentoso de su generación. De hecho, en solo unos pocos años, Cédric Grolet ha revolucionado por completo el mundo de los dulces en el hotel parisino Le Meurice (dos estrellas Michelin), no sólo con sus postres en plato, sino también con sus “frutas” reconstituidas y su entremets tradicionales. Sus diversas creaciones son magníficas de ver y sus sabores son muy adictivos. Humildemente, el joven prodigio recibió su premio con tanto placer como emoción.

¿Cuál fue su reacción cuando supo que recibiría el premio al mejor pastelero del mundo 2017?
Me conmovió y emocionó este premio. Cuando Jean-François Piège me telefoneó para darme la noticia, no pude contener las lágrimas. Nunca en mi vida pensé que alguna vez recibiría tal premio. Es un reconocimiento increíble, especialmente viniendo de un jurado tan prestigioso formado por personas a las que admiro mucho. En los últimos años, he recibido varios premios por Chef de pastelería del año pero, gracias a este premio, creo que he alcanzado otro nivel. Como también sé que en la vida nada es gratis, esto me ayudará a mejorar aún más mi trabajo en el futuro. Sin embargo, siempre recuerdo que no sería nada sin mi equipo que maneja mis diversos postres a diario. Es un premio colectivo que honra el increíble trabajo que todos hacemos juntos.
El lanzamiento de su primer libro, Fruits, está siendo extraordinario.

¿Qué quisiste transmitir a través de este libro?
Como es mi primer libro, primero quise hablar sobre mi identidad. Tuve suerte de haber sido criado en casa por mis padres, y recuerdo que siempre me daban fruta del jardín de la cocina para el postre. Este libro me ha permitido hablar sobre la simplicidad de la naturaleza al volver a las fuentes de nuestro planeta. Y la fruta es uno de los productos más naturales que puedes encontrar. Mi esperanza es que quien lea este libro comprenda mejor los pormenores de mi pastelería.

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