Desde Guangzhou (República China) nos llega esta información que, sin duda, puede dar de pensar a empresarios del mundo occidental. En una época de tanta sensibilización social, estamos seguros de que sería bien acogida y valorada, al tiempo que se hacía una formidable labor social.

Ésta es la crónica que publica Xinhuanet:

Llena de clientes durante el desayuno, la panadería en la que trabaja Luo Ya’nan es excepcionalmente silenciosa, excepto por el ruido de los tacones altos y el clic de la caja registradora.

Saludando a cada cliente con una gran sonrisa y un gesto de bienvenida, Luo se encuentra entre los 18 empleados que no pueden oír ni hablar en la panadería “El Pastel Silencioso” en Guangzhou, capital de la provincia sureña de Guangdong.

En la entrada del mostrador de la panadería y el cajero, se pueden ver carteles donde se puede leer que “la mayoría del personal de esta panadería no puede oír ni hablar, por lo que puede tomar un poco más de tiempo ordenar y pagar, tenga paciencia por favor”.

En lugar de la comunicación verbal directa, el personal de la panadería utiliza el lenguaje corporal o anota cosas en los cuadernos.

Luo, que ronda la veintena, es buena en su trabajo. Antes de realizar un pedido, saca el menú y una libreta para que el cliente escriba su pedido y el método de pago, y empaca la comida para llevar.

“Ella sonríe como un ángel”, describe Li Yingshan, un cliente. Li dobla su pulgar dos veces para mostrar “gracias” como muestra el cartel.

“No hemos recibido ninguna queja desde que abrimos en marzo”, asegura el cofundador Zeng Nan. “Los clientes son amigables y siempre esperan con paciencia, algunos incluso ayudan a despejar la mesa”, añade.

La panadería se ha popularizado por el boca a boca en Guangzhou, y también es conocida por las redes sociales de China.

Los 40 asientos en la panadería a menudo están llenos al mediodía y hay una larga cola de espera. En el día más ocupado, atendieron a más de 500 clientes.

Muchos de los empleados se graduaron en las escuelas culinarias de Zeng.

“Empecé porque muchos de nuestros graduados discapacitados tenían dificultades para encontrar trabajo, pero el éxito de la panadería va más allá de mi imaginación”, destaca Zeng. “Un aprendiz con discapacidad puede tardar tres meses en terminar un curso que un estudiante común hace en un mes, porque el chef debe enseñarles uno por uno. Pero todos son excelentes y profesionales”, agrega.

Zhang Xubiao es uno de esos estudiantes. Es experto en hacer panecillos, pero también disfruta inyectando ideas frescas en nuevos productos. Su serie de constelaciones que comprende 12 panes creativos diferentes es popular entre los más jóvenes.

“Queremos gustar a las personas por la comida y el servicio que ofrecemos, no por lo que somos”, resalta Zeng.

Para darles una sensación de logro, Zeng otorga una participación del 15 por ciento al personal discapacitado.

“Abrir la tienda hubiera sido imposible sin ellos”, subraya Zeng.

El segundo “Pastel silencioso” abrirá pronto y servirá pasteles, bebidas y comida rápida. La segunda tienda tendrá un tamaño que será cinco veces el de la primera para ofrecer un escenario más grande a las personas necesitadas.

“Todo el personal aquí es fuerte y valiente, afrontan dificultades con una sonrisa y se mantienen por sí mismos. Son mis ejemplos a seguir”, concluye Fan Xiaoyan, un cliente con discapacidad.

 

Fuente y fotos: Spanish.xinhuanet.com  

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