Por Fco. Javier Antoja. Son constantes, ahora y en tiempos pasados, las muestras de solidaridad que los panaderos de todo el mundo tienen con sus semejantes en momentos difíciles de catástrofes, guerras u otras situaciones de emergencia. Aquí lo hemos recogido muchas veces. Ahora el diario El Mundo del martes 13 de octubre, por medio de sus enviados especiales, nos cuenta una historia mas de solidaridad de un panadero. En él, unimos nuestro homenaje a todos quienes se sienten solidarios frente al dolor humano. Esta es la crónica:

Sólo un refugiado puede meterse en la piel de otro. No hay otra explicación para comprender las razones de Dionisis Avranitakis, el panadero de la isla de Kos. Su familia huyó de la invasión turca de Esmirna en 1922, que desplazó a un millón de griegos de la ciudad. Muchos de ellos se refugiaron en Australia, donde la comunidad helena es enorme. Dionisis, nacido de aquellos náufragos errantes, pasó hambre y privaciones. Por eso se rebela ante lo que ve. “No puedo soportar ver a esta gente pasando hambre y frío aquí sin que mi Gobierno haga nada. Sé lo que es ser hijo de refugiado. Yo he pasado por eso”, comenta mientras comienza el reparto de cruasanes, suizos y napolitanas.

Dionisis Arvanitakis, el panadero de Kos, repartiendo pan a los refugiados en el puerto.

Dionisis Arvanitakis, el panadero de Kos, repartiendo pan a los refugiados en el puerto.

Todos los días, desde el pasado mes de mayo, sobrepasa la producción habitual de su panadería en 100 kilos de bollos. Con su furgoneta de currela, este griego de voz aguardentosa, malhablado y con barba plata de tres días se presenta frente a la comisaría de la policía, lugar de reunión de los recién llegados en patera y él mismo organiza la larga fila para repartir gratis el pan.

‘¡Que hay para todos!’

Reparte los bollos y a veces se le escapan también un par de ‘galletas’ cariñosas para aquellos que pretenden colarse y le forman bulla en la babel de 300 personas que se amontona frente a la doble puerta de su furgoneta. Cuando Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea visitó la isla de Kos hace un mes, quedó impresionado por el trabajo de Dionisis. “Europa no es un grupo de ultras que se reúnen para quemar un albergue de sirios. Europa es el panadero de Kos, que ofrece su pan gratis para paliar el hambre de los refugiados”, dijo a su vuelta al Parlamento Europeo.

– Dionisis, ¿cuánto se está gastando en esto? ¿Tanto dinero genera su panadería?

– Demasiado gasto. Llevo meses haciéndolo. No sé si las cuentas salen o no. No tengo ayuda de nadie.

– ¿La gente se lo agradece?

– Joder, mira a tu alrededor.

Y sí. A nuestro alrededor hay adolescentes paquistaníes, marfileños, sirios e iraquíes devorando el pan. Otro intenta colarse ante el enfado de los afganos. Dionisis reparte un par de collejas y retoma el orden enseñando todo el pan que queda dentro de la furgoneta: “¡Que hay para todos, joder!”. Un voluntario que habla árabe le ayuda con los duros de mollera y los impacientes.

Dionisis, todo un personaje, es el rostro de la solidaridad del pueblo griego con los refugiados e inmigrantes llegados estos meses a Grecia. Es lo opuesto a la dejadez, cuando no cerrazón, de las autoridades locales, que se niegan a colaborar con las organizaciones de ayuda en cualquier cosa que sea ayudar a estos recién llegados. Todo ese trabajo recae sobre los voluntarios, la mayoría de ellos, como Dionisis, también descendientes de refugiados.

Fuente y foto: EL MUNDO: Bodrum (Turquía) / Kos (Grecia)

ALBERTO ROJAS

@rojas1977

LUIS NÚÑEZ-VILLAVEIRÁN

@LNvillaveiran

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